Me percaté de su arte para disimular cada centímetro de su pensamiento. Era impredecible, era sensual, era mágica. Una balada sonaba en el tocadiscos mientras yo, desgastado, me escondía vilmente de la poderosa atracción de sus ojos. No valía la pena escapar, sus perfectas pupilas me encontraron en silencio a la luz de la noche.
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